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Eventos
Daniel
Irigoyen con Repiso Huevo y Juan Rodriguez con
Ludwig-Caff rodeados de Robertones. El
ciclo de recitales “Beat Baires” fue sacado
adelante por el editor Jorge Alvarez. Se realizó
durante el mes de junio de 1969 en el teatro “Coliseo”
de Buenos Aires. Cada domingo antes de las diez de la mañana la
sala de entrada del teatro ya estaba atestada de gente sacando entradas
o esperando. PRIMER
FESTIVAL NACIONAL DE LA MÚSICA BEAT
Los
Mentales actuando en el Nacional Revista
Atlántida – Septiembre 1969
Primera Jornada: Carlos
Riccó, de impecable smoking, tuvo a su cargo la conducción
del espectáculo que fué presenciado por un público
numeroso, entre el que resultó posible detectar a Alfredo Barbieri,
Miguel Angel “El Mochilero”, King Clave, y otros artistas.
Actuaron en la primera ronda los siguientes conjuntos: Yeite Six,
presentando los temas “Tu propiedad, mi propiedad” y “Hay
que quedarse en el molde”; Jarabe de Menta, con
una gran barra a favor, que hizo “Un bar, luz y risas y algo más”
y “Tristezas de un flaco”; Los Mentales,
con “Hombre X” y “Cuando un hombre solo ama a una mujer”;
Formación 2000, con “Al
Pasar” y “Diversión”; El Sonido de Hilbert
(nueve integrantes, entre ellos tres violines y un violonchelo), que presentaron
“Paz Interior” y “Diario de un soldado”.
Realizar un festival de este tipo era jugarse una carta muy brava. Pero por lo visto, el mundo sigue siendo de los audaces. (...) El “batero” de Los Mentales. Un show aparte con mucha fuerza. Los Mentales firmando contrato. Diario Asi - Septiembre 1969
FESTIVAL PINAP DE MÚSICA BEAT Y POP
Septiembre 1969 En abril de 1968 apareció el primer número de la revista Pinap, según el crítico Miguel Grinberg, “centrada en el fenómeno musical de los jóvenes, pero más apuntada a lo superficial (la ropa, los boliches de baile, la evasión) que a una filosofía no conformista”, analizando las palabras de Grinberg desde su propia perspectiva y después de más de treinta años de carrete, la revista Pinap naturalmente que no tenía el corte dulce-contestatario de la Expreso que vino después, ni la visionaria mirada anarca anti represiva de Cerdos & Peces y mucho menos el nivel intelectual de una inteligentísima Mutantia ya por encima de todas ellas y ni que decir de la tristemente desaparecida Contumancia de Mónica Maristaín, sin embargo a pesar del conformismo por no abordar otros temas cruciales para y por los jóvenes, (por el simple y paradójico hecho de querer llegar a un público más amplio), Pinap fue la primera de todas las revistas del género y la que después marcó un estilo y motivó a otras a seguir un camino nunca definitivamente fundamentado por nadie, salvo que se pudiera vender estoicamente en los kioscos, una revista sobre el expectáculo de la música que nos había llegado de lejos y sus protagonistas y los ensueños consumistas de la época realizada por un equipo no muy locuaz pero emprendedores de argentinos más o menos honestos que cualquiera de los que no hacían nada, más allá de tergiversar y criticar desde conocidas mesas de cafés, una revista dirigida a un público jóven que recién empezaba a informarse tímidamente sobre un complejo movimiento cultural de masas que ya nos había pegado fuerte a muchos desde el primer “Please Please Me” de Los Beatles en adelante, a pesar del rock and rolito chabacano de mis días de pibe en el campo cuando escuchaba embelesado a Johnny Tedesco (mi primer héroe nacional) cantar su “Presumida” desde los parlantes de la difusora del pueblo, a pesar de las raices puras y sagradas de la tierra, (esas melodías imperecederas de la música del campo que llevaremos adentro de por vida hasta que el tiempo ya no lo quiera) a pesar de “La Felipe Varela”, “El Sapo Cancionero” y de todos los tangos sagrados de la pubertad inmortalizados por Carlitos y El Varón del Tango, (que todavía solíamos escuchar algunos solitarios naúfragos al final de una larga noche, cuando después de mucho esperar paranoicos en alguna oscura y fria parada, subíamos por fin al bondi semi vacío que nos devolvería a casa acobachados en el último asiento, mientras desde una Spica allá adelante sonaba ese tango no menos rabioso que tuvo la misión de acompañarnos casi siempre durante el sueño), y también de las raices impuras del plástico impuesto por la ambición mercantilista de los que trataron siempre de vendernos gato por liebre, a pesar de todo eso, desde las raices de nuestra cultura ancestral más santa a todos los estereotipos impuestos por las modas de turno, la fuerza emancipadora de Los Beatles hizo que nuestras vidas pegaran una curva olímpica de 90 grados y no solo para los que hacíamos música desde un escenario, también para ese equipo minúsculo de periodistas con un pié adentro y otro afuera de la realidad tercermundista de nuestro país, que trataban a su manera de darle algo a los pibes de la clase media y demás colados del montón que venían bastante contaminados de Tíos Queridos, Juan y Juan, Pintura Fresca, Banana y demás menudencias que controlaban a su antojo el mercado consumista de la música popular, Pinap fue un primer intento de acercamiento no radical, porque tratándose de seres porteños nadie estuvo nunca a salvo de las influencias y las equivocaciones por errar la mirada, pienso que si no hubiera sido por el impulso, la valentía y la fuerza de voluntad de su secretario de redacción Osvaldo Daniel Ripoll, nunca se hubiera cristalizado el primer festival masivo al aire libre que hoy figura en la historia como la piedra fundamental que catapultó después todo un movimiento pero también todo un negocio de futuro próspero para el Rock Argentino. Sin ser un intelectual progreseta aventajado, ni un gran especulador hombre de “negocios” y ni siquiera un mediocre poeta que busca notoriedad, Don Ripoll se mandó de propia iniciativa en un momento crucial donde casi todo lo no estandarizado estaba destinado al fracaso o al olvido inmediato. El Festival Pinap a pesar de la pobre campaña publicitaria patrocinada por la Municipalidad de Buenos Aires, fue hecho a pulmón. Se realizó durante algunos sábados en la primavera de 1969, en el desaparecido anfiteatro Municipal Rio de la Plata (en la intersección de las porteñas avenidas Pueyrredón y Figueroa Alcorta) se hizo cuando ya entraba a circular una energía contestataria de piel en muchos adolescentes que venían de otra música y otras latitudes menos inconformistas y ya no solo de una pequeña élite de náufragos proletas, pibes y no tan pibes que se habían empezado a dar cuenta que la nueva corriente musical que se estaba generando desde el éxito masivo de Los Gatos no era un camelo impuesto por ninguna maquinaria de hacer ropa, se podía constatar los fines de semana en algunos de los clubes de la periferia con conjuntos que casi nunca se escuchaban por radio y que aparecían anunciados en un mismo cartel con otros artistas convencionales vendedores de discos como Donald o Leonardo Favio, bandas que hacían su propia música cantada en castellano con personalidad y carisma que pasó a ser la llave con la que muchos empezaron a abrir sus cucas descubriéndose a si mismos portadores de un espíritu musical auténtico que empezaba a crecer y a expandirse más allá de lo que hasta ese momento querían imponer mediocremente en los medios algunos mánagers y ejecutivos de algunas multinacionales. Entonces podríamos decir que al igual que Jorge Alvarez, Daniel Ripoll también fue un pionero a su manera, aunque menos sofisticado que el fundador de Mandioca, pionero al fin (cada uno en el lugar que le corresponde de lo que fue quedando en los libros de la buena memoria), aunque también hubo algunos otros anónimos que no figuran en la lista de los protagonistas y los rankings pero que aportaron y estuvieron con buen espíritu a la hora de subsanar los eternos problemas organizativos de siempre en una ciudad de piedra dura latinoamericana como lo fue siempre Buenos Aires aunque algunos privilegiados de la sociedad no lo hayan querido entender nunca y aún no lo entiendan ;-) el buen sentimiento de algunas almas nobles pudo transformar a veces la dureza de la roca salvaje en pura y fina arena creadora. A todo esto Los Beatles todavía seguían unidos pero no tanto y “La Morsa” (no la de Lennon sinó la de un gran sector del pueblo argentino que se lo tuvo que bancar desde que tomó el poder en 1966 ), declaraba su intención de permanecer indefinidamente en el poder, lo que pronto pasó a ser su última fase de prohibiciones y estricta censura persiguiendo a estudiantes, intelectuales y todo bicho raro que no tuviera el aspecto decente que ellos, los de seguridad personal invariablemente con las pupilas dilatadas por la falopa, medían maquiavélicamente con una chapa de identificación intimidatoria, por esos pelos o esa pinta que nos delataba siempre en cualquier esquina o antro de Buenos Aires negativamente sospechosos para el “orden represivo” que imperaba a la salida de casi todos los recitales de la época. El
Festival de la Música Beat y Pop en
el anfiteatro contó con la actuación entre otros de Almendra,
Manal, Los Gatos, La Barra de Chocolate, Los Mentales,
Litto Nebbia, Conexión Nro 5 con Pappo y La Cofradía de
la Flor Solar, además de otros nuevos músicos como
Prohibido Estacionar, Lengua Negra y
Extraña Dimensión entre otros que se atrevieron
a mostrar lo suyo.
Los
Mentales
Zapada
en el Festival Pinap:
Daniel
Irigoyen, María Martha, L.A.Spinetta
Cuervo Tórtora, Lucia (compañera
de Litto) y Daniel Irigoyen
Al desaparecer la revista Pinap prontamente Daniel Ripoll se pone las pilas y se transforma en editor sacando una nueva a la que llamó PELO. En febrero de 1970 aparece la número uno. El objetivo principal de los primeros números fue el de apoyar a los progresivos y diferenciarlos de los llamados complacientes. Pero a medida que se iban sumando nuevas bandas a la escena el sentido de lo progresivo fue variando en conceptos y apreciaciones. No obstante PELO se mantuvo constante a pesar de todas las crisis y pálidas que azotó al país a través de los años. Ripoll siguió organizando festivales y el B.A.ROCK I fue uno de los sucesos mayores al empezar la década. Se llevó a cabo durante cuatro sábados y un miércoles de noviembre de 1970 en el Velódromo Municipal. Se estima que en el transcurso de los recitales se movilizaron algo más de 29.000 personas para ver y escuchar desde las gradas a Moris, Los Gatos, Los Mentales, Vox Dei, Manal, La Cofradía de la Flor Solar, Pappo´s Blues Contraluz, Almendra, Engranaje, Miguel Abuelo, Sanata y Clarificación con Carlos Bisso, Pajarito Zaguri, Alma y Vida, Arco Iris, La Banda del Oeste, La Unión, Sam y su Grupo, Jarabe de Menta, Diplodocum, Diego y Aramis, Provos, Triestre, Zandunga, Alma de lluvia, Bang, Gamba Trio, Victoria y La Gota de Grasa.
Los
Mentales 1970
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